Susan M. Deeds. Defiance and Deference in Mexico's Colonial North: Indians under Spanish Rule in Nueva Vizcaya. Austin: University of Texas Press, 2003. xiii + 300 pp. $55.00 (cloth), ISBN 978-0-292-70551-7.
Reviewed by Jorge A. Gamboa M. (Instituto Colombiano de AntropologÃÂa e Historia)
Published on H-LatAm (August, 2005)
Susan Deeds presenta una obra en que analiza los procesos históricos que se dieron entre los grupos indÃgenas que poblaron la región de la Nueva Vizcaya, en la frontera norte mexicana, desde mediados del siglo XVI hasta finales del siglo XVIII. Se trata de los Xixime, Acaxee, Tepehuane, Tarahumara y Concho, una serie de comunidades nómadas y semisedentarias, cuya historia durante el periodo colonial resultaba hasta el momento bastante desconocida debido a la ausencia de trabajos en profundidad. El objetivo central de Defiance and Deferente consiste en tratar de explicar las razones de la pérdida o la persistencia de la identidad étnica, bajo condiciones de conquista, usando un enfoque comparativo y cronológico (p. 2). Lo comparativo del trabajo, sin embargo, debe entenderse únicamente entre las étnias mencionadas, pero no con respecto a otras regiones similares de la América colonial.
Según la autora, la base del libro es su tesis doctoral titulada "Rendering unto Caesar: The Secularization of Jesuit Missions in Mid-Eighteenth Century Durango", presentada en 1981 a la Universidad de Arizona. A partir de este trabajo, siguió investigando por más de veinte años en los Estados Unidos, México y España, buscando información adicional que permitiera trazar la trayectoria de los grupos en cuestión, durante todo el periodo colonial. De esta manera, el trabajo hace gala de una enorme cantidad de fuentes consultadas, en las cuales se trató de encontrar las voces de los indÃgenas, con todas las dificultades que esto implica. Con estas fuentes, Deeds intentó una especie de historia "desde el punto de vista del nativo" (según la conocida expresión de Clifford Geertz), pero siendo consciente al mismo tiempo de la enorme dificultad que esto implica y de lo difÃcil que resulta saber a ciencia cierta lo que sintieron y pensaron estas personas, teniendo en cuenta la escasez de testimonios y el hecho de que han llegado hasta nosotros tremendamente filtrados por la mente y la escritura de otros. En los archivos de los diferentes paÃses donde se desarrolló la investigación, se consultaron juicios civiles y criminales, peticiones a las autoridades hechas por los indios, reportes de los jesuitas y otros clérigos presentes en la región, informes administrativos y militares, junto con registros notariales, libros parroquiales y procesos inquisitoriales. Como se puede apreciar, una amplia gama de fuentes que permite documentar con solidez los principales procesos analizados en este trabajo.
Uno de los elementos a resaltar en esta investigación es el hecho de que la autora hace énfasis en que a pesar de que se trataba de sociedades indÃgenas superficialmente muy similares, por carecer de una jerarquización social muy pronunciada, existÃa sin embargo una gran variedad de formas de organización y de patrones de asentamiento, que al combinarse con otras variables pueden explicar los diferentes rumbos seguidos por cada una de ellas a lo largo del periodo colonial. Deeds utiliza la clasificación general basada en el grado de sedentarismo que desarrollaron James Lockhart y Stuart Schwartz (sociedades sedentarias imperiales, sedentarias no imperiales, semisedentarias y no sedentarias) y los cuatro tipos de economÃa establecidos por Edward Spicer para los indÃgenas del noreste de la Nueva España (rancherÃas, aldeas, bandas y bandas no agrÃcolas), aunque al mismo tiempo señala que estos esquemas siguen siendo insuficientes para dar cuenta de la variedad cultural presente en la zona de estudio.
La clave para entender el resultado final en términos de la preservación o no de la identidad étnica en cada uno de los grupos analizados está, según Deeds, en la forma en que interactuaron una serie compleja de variables y no en un solo factor. Aquà la autora realiza otro aporte importante, ya que se ha considerado tradicionalmente que la variable crucial en estos casos era el tipo de organización social que los indÃgenas tenÃan antes de la conquista. Para Deeds, por el contrario, es necesario tener en cuenta también aspectos como la geografÃa, el medio ambiente, las enfermedades, las demandas laborales, la presencia de misioneros y otros factores, que se agrupan en dos grandes conjuntos: La interrelación entre las diferentes culturas y las estructuras sociales preconquista con las enfermedades y las demandas laborales de los españoles. Aquà hay que tener en cuenta el grado de sedentarismo antes del contacto, la concentración de la población, las relaciones con otros grupos y el uso del entorno natural. También la introducción de enfermedades por parte de los españoles y la continua demanda de trabajo para una economÃa minera. En segundo lugar, el rol de las misiones fronterizas (franciscanas y jesuitas) en la estructuración de las relaciones entre los indÃgenas y entre ellos y los forasteros, asà como la mediación entre sus sistemas religiosos y prácticas rituales (p. 4).
Este trabajo se inscribe dentro de la Nueva Historia de las Misiones y responde al llamado de Edward Spicer para analizar de un modo más crÃtico las razones para la supervivencia de enclaves étnicos en la región. El marco teórico que guÃa la investigación es bastante ecléctico, lo cual puede resultar una virtud en este caso. La autora dice estar influenciada por la crÃtica poscolonial, los estudios subalternos y los estudios culturales, aunque no se afilia con mucho entusiasmo a estas corrientes. Además, considera que útiles los enfoques etnohistóricos desarrollados en la década de los 1990s y los encuentra más adecuados para desarrollar sus preocupaciones, ya que ofrecen propuestas metodológicas para recuperar las formas y configuraciones de la persistencia étnica, a pesar de los problemas inherentes a la recuperación de las voces indÃgenas en ausencia de la escritura y, también, para superar el énfasis abrumador de las teorÃas poscoloniales en la representación, la ideologÃa y el poder, lo cual, según Deeds, ha opacado las condiciones cotidianas de la vida de la gente y ha distorsionado las nociones de agencia (agency). El resultado de este eclecticismo teórico es el despliegue de la historia de los grupos analizados a través de una concepción que se denomina "oportunismo mediado" (mediated opportunism): "Si la etnogénesis es el largo proceso a través del cual las culturas étnicas se recrean a través del tiempo, el oportunismo mediado proporciona un marco apropiado para comprender de qué modo las barreras materiales y mentales limitan la capacidad de cambio en estos grupos particulares" (p. 6). Basados en la interacción del conjunto de variables consideradas por la autora, el oportunismo mediado es el cruce entre el oportunismo cultural y ambiental y las barreras biológicas y morales. Se plantea entonces que el grado en que los diferentes grupos indÃgenas de la región pudieron formular estrategias mixtas y tomar decisiones en el proceso de adaptación a circunstancias culturales y ecológicas cambiantes, fue limitado por muchos factores, siendo los más importantes la elevada mortalidad producto de las enfermedades, la guerra endémica que caracterizó su historia antes del contacto y la incapacidad para aceptar cambios que iban en contra de los más básicos principios que aseguraban el balance de la vida. De acuerdo a la situación particular, el oportunismo mediado se manifestó de muy variadas formas.
La obra está organizada en ocho capÃtulos. El primero analiza las entradas españolas más tempranas en Topia y Tepehuana entre 1560 y 1620, junto con las diferentes respuestas de los indios. Es un periodo en que se establecen los primeros asentamientos españoles, ligados a la minerÃa de la plata, se fundan las primeras misiones franciscanas y jesuitas, se desatan las primeras epidemias catastróficas y se organizan revueltas de tipo milenarista, dirigidas por lÃderes prehispánicos y shamanes que reaccionaban a su pérdida de prestigio y la destrucción de sus sociedades, sobre todo a finales de la década de 1610, ente los Tepehuane. El segundo capÃtulo consiste en una discusión sobre el medio geográfico de la Nueva Vizcaya y las caracterÃsticas culturales de los Acaxee, Xixime, Tepehuane, Tarahumara y Concho. Se muestra cómo los patrones de producción e intercambio fueron transformados por el contacto con los españoles, siendo las enfermedades y la degradación ambiental el desafÃo más dramático para los indÃgenas. El capÃtulo 3 se concentra en el periodo que va de 1620 hasta 1690. Una vez finalizada la rebelión Tepehuane se instauró en la zona una relativa e inestable situación de paz, en la cual no cesó la violencia. Por aquel entonces la actividad misionera se intensificó, al tiempo que se incrementaba la presencia de forasteros y crecÃa el mestizaje. El capÃtulo 4 se centra en la crisis de la década de 1690, donde se conjugaron una serie de factores como la apertura de nuevas explotaciones mineras, la llegada de nuevas enfermedades y un conjunto de rebeliones. Luego, en el capÃtulo 5, se analiza el periodo de 1700 a 1730 en el cual los indÃgenas desarrollaron varias estrategias. Algunos huyeron lejos de las explotaciones mineras de Durango y Chihuahua y otros optaron por quedarse en las misiones, las cuales experimentaron una leve recuperación demográfica hasta que a finales de la década de 1730 se desató una terrible epidemia de matlazahuatl que detuvo su crecimiento, al tiempo que la población no indÃgena se hacÃa mayoritaria en la región. El capÃtulo 6 se concentra en las décadas de 1740 y 1750, cuando las Reformas Borbónicas comienzan a sentirse en Nueva Vizcaya, afectando sobre todo a las misiones jesuitas que se vieron envueltas en una serie de conflictos con los colonos y las autoridades locales. En el capÃtulo 7 se muestra la crisis de las misiones y su secularización al acentuarse el reformismo borbónico, convirtiéndose finalmente la mayor parte de ellas en parroquias. El capÃtulo final, centrado en el periodo en que los jesuitas devuelven sus misiones al clero regular y se acentúan las polÃticas borbónicas, se concentra en mostrar el proceso de etnogénesis a finales del siglo XVIII.
Deeds realiza algunas reflexiones importantes en sus conclusiones y hace un balance general y comparativo de la situación de los diferentes grupos analizados en Nueva Vizcaya a finales del siglo XVIII. Se señala que hacia 1775 habÃa una gran variedad de situaciones. Solo quedaban unos miles de Acaxee, Xixime y Concho, que desaparecerÃan en el siglo XIX. De los Tepehuane y Tarahumara quedaban tan solo unos 3.000, lo que significaba cerca del 4% de la población en el siglo XVI. Estos grupos también desaparecerÃan como entidades diferenciadas en el siglo XIX. Sin embargo, aún quedaban cerca de 25.000 Tarahumara y unos cuantos miles de Tepehuane en el oriente de Chihuahua, en rancherÃas dispersas y sin lazos con las misiones. La clave de la supervivencia de estos grupos, que hoy prefieren llamarse Rarámuri y Odame, fue el haberse refugiado en áreas marginales (p. 191).
Un elemento muy interesante en las reflexiones que hace Deeds es el énfasis que hace en que el tipo de organización social que existÃa antes de la conquista puede dar algunas pistas sobre el resultado posterior, pero no en el mismo sentido en que se ha señalado hasta el momento. Una idea bastante aceptada por los historiadores es que a mayor complejidad en la organización social y a mayor grado de sedentarismo, mayor es la probabilidad de supervivencia como étnia diferenciada en el marco de la sociedad colonial. Sin embargo en la Nueva Vizcaya la situación fue al revés y esta no fue la única variable determinante. Los grupos más sedentarios y más jerarquizados (Acaxee y Xixime) fueron los que primero sucumbieron. Esto se explica porque fueron los primeros que entraron en contacto con los españoles y se vieron sometidos a enormes demandas laborales. Las enfermedades los golpearon duramente, sus guerras endémicas los fueron diezmando y el mestizaje fue bastante acelerado. Otros grupos como los Concho tuvieron respuestas más variadas, debido a su falta de unidad polÃtica, lo cual los favoreció en cierta medida. Los Tepehuane fueron más efectivos en su resistencia militar al comienzo, aunque no lograron una victoria decisiva, ni siquiera en su gran rebelión de 1616. Después de la derrota, la mayorÃa optaron por emigrar a otras tierras y otros se quedaron en las misiones. Ahà aprendieron a usar el sistema legal español y terminaron mezclándose con otros indÃgenas y con los forasteros. En el caso de los Tarahumara, las rebeliones de la década de 1690 son decisivas para el desarrollo de su historia. Al ser derrotados también optaron por emigrar hacia zonas inhóspitas y se fueron mezclando con otros grupos por el camino. Sin embargo algunos se mantuvieron en las proximidades de los asentamientos españoles con los cuales mantenÃan contacto e incluso se instalaron en las misiones. En general, los indios procuraron incorporar los establecimientos misioneros a sus patrones de subsistencia. Las usaban para comerciar y mezclarse de muy diversas formas con otras gentes.
En sÃntesis, este libro constituye un aporte importante a la historiografÃa de las fronteras coloniales y a la etnohistoria de los grupos indÃgenas de estas regiones en varios sentidos. En primer lugar invita a mirar con más detalle la organización polÃtica y social de estos grupos, para evitar considerarlos como un todo homogéneo, a pesar de tratarse de sociedades nómadas o semisedentarias. En segundo lugar es un llamado a considerar las múltiples variables que estaban en juego y cuya interacción produjo diferentes resultados, tales como: los diferentes impactos de la conquista, la naturaleza de las culturas y su forma de hacer la guerra antes de la conquista, el grado en que se ejercieron las presiones económicas, el medio ambiente, la demografÃa y epidemiologÃa comparadas y la disponibilidad de zonas vacÃas poco atractivas o de difÃcil acceso para los invasores. Finalmente es necesario señalar que el libro hubiera sido mucho más completo si se hubieran incluido algunas comparaciones con otras zonas fronterizas misioneras de la América española, como el resto del norte de México, el Paraguay, los Llanos de las actuales Colombia y Venezuela y la penÃnsula de la Guajira.
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Jorge A. Gamboa M. Review of Deeds, Susan M., Defiance and Deference in Mexico's Colonial North: Indians under Spanish Rule in Nueva Vizcaya.
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